viernes, 23 de octubre de 2009


Pero qué poco me gusta el tomate natural. No lo soporto. No es tanto por el sabor sino por la textura. Por dentro, el moquillo con las pepitas me recuerda a la baba de caracol con tropezones. Y por la parte de fuera es tan terso que es como si me metiera una rana cruda en la boca.

Estaba pensando en crear una asociación: ''Amigos del odio al tomate''. Ya somos dos, el perro y yo.

2 comentarios:

  1. QUE OPINAIS DE : UNA CAMA DE TOMATES FINAMENTE CORTADOS SOBRE UN PLATO PREVIAMENTE CALDEADO, SOBRE ELLO UN JARDÍN DE JAMÓN IBÉRICO, TEMPLADO POR EL CALOR DEL PLATO, SACANDO TODO SU SABOR. SOBRE ESTO, UN LIGERO TOQUE DE PATÉ DE ACEITUNAS NEGRAS. Y DOMINANDO TODO LO ANTERIOR, ALZÁNDOSE EN EL CENTRO DEL PLATO COMO SI UNA TORRE DE VIGILANCIA SE TRATASE, UNA BOLA DE HELADO DE TOMATE.

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