domingo, 10 de julio de 2011

Basket en Harlem



Sábado por la tarde. Nos encontramos en la habitación de James (chico inglés del que ya he contado alguna anécdota en el pasado) mirando atentamente un balón de baloncesto. El balón es de otro James (chico de Nueva York). A través de la ventana vemos las numerosas pistas de baloncesto de Morning Side Park. En muchas de ellas están jugando niños de corta edad (de unos 8 ó 10 años). 

James-US: ¿Listos para jugar al Basket? ¿Los europeos sabéis jugar al basket?

James-UK: Es la segunda vez en mi vida que voy a jugar.

Yo: Te puedo decir que consiste en meter la pelota en el aro. Soy muy malo.

James-US: No os preocupéis. Yo os enseño.

Dicho y hecho. Nos calzamos las deportivas y nos vamos a la cancha. James-US nos explica algunos conocimientos básicos del lanzamiento. James-UK y yo intentamos unos cuantos tiros, pero la cosa no va bien. Empezamos a hacer el ridículo. 

Igual que los caracoles después de la lluvia, la cancha se empieza a llenar de negros mazados sin camiseta. Allí estamos nosotros, tres blanquitos (más bien de poca estatura) rodeados de cuarenta negros cuadrados equipados con radiocasettes con música rap. Uno de ellos se nos acerca:

Negro: ¿Queréis jugar un tres contra tres?

James-US: Mmmm, no sé. Estos chicos son europeos. No saben jugar muy bien y no estaremos mucho rato.

James-US me mira como pidiéndome una confirmación. Esta vez le va a salir el tiro por la culata.

Yo: No no. Jugamos un tres contra tres.

El negro me sonrie.

Negro: ¿Quereis apostar?

James-UK: No. Nada de dinero. Algo me dice que sabéis jugar a esto.

Tres negros se meten en la cancha. El resto nos rodea mientras gritan a sus amigos para que vengan a ver el ridículo que vamos a hacer. El público tiene muy claro como están formados los equipos. Los chicos sin camiseta contra los chicos con camiseta.  El que unos sean negros de dos metros y otros blancos de metro y medio es circunstancial. Además, debido a mi moreno mediterraneo, no soy blanco-lejía como mis amigos. James me asigna un jugador.

James-US: Diego, tu tienes que marcar al chico de los pantalones rojos.

Yo: Lo intentare, pero me saca tres cabezas de alto.

Comienza el partido. El negro de los pantalones rojos recibe el balón y se dirige hacia mi como una locomotora. Levanto los brazos e intento bloquearle. Él salta y me clava su rodilla en mis testículos. Resultado: adiós a mi moreno mediterráneo. Ahora ya no hay duda. Los negros contra los blancos lechosos.

El partido es a 17 canastas. El marcador está tremendamente igualado: 10-0 a favor de los morenos. Yo pensaba que ante semejante paliza el público, monocromático y acostumbrado a ver la NBA, se aburriría y dejaría de reírse de nosotros. Sin embargo, debido al show humorístico de los Harlem Globertrotters, parecen más animados que nunca.

Marcador: 15-1. Uno de los contrarios tiene la posesión. James-UK intenta quitarle el balón. El chico se esfuerza, pero nada. El negro ha nacido para esto. Se la pasa entre las piernas, por detrás de la espalda, de mano a mano, arranca y retrocede y, todo ello, mientras se ríe. Con cada ''regate'' del negro a James-UK el publico emite un sonoro ''Oohhhh'' (sería similar a un ''Olé'' en España, supongo). La gente se parte la caja. ''Look at the peaky!!!'' (lo que viene siendo, ''mira al paliducho''). Cabrones.

Resultado final 17-2. Nos damos la mano como buenos competidores y nos vemos la próxima vez. Una vez en casa, James-UK se quita las zapatillas y vemos que tiene unas enormes ampollas es los pies.

James-UK: ¡Por eso hemos perdido! Así es imposible ganar. Nos han humillado.

Yo: Nos han humillado. Más que si nos hubieran encerrado en una jaula y nos hubieran lanzado cacahuetes.

James-US: No ha sido para tanto. Lo único que tenemos que hacer es entrenar un poco más.

Ni de broma. No hasta que se recupere mi pobre corazoncito de semejante humillación.

sábado, 18 de junio de 2011

La policía de Nueva York




Como si fuera un chiste: ''Un inglés, una alemana y un español van en bici por Battery Park ... ¿quién acaba detenido?'' Supongo que ya conocéis la respuesta. La historia que os voy a contar a continuación me ocurrió hace dos semanas y todavía no se me ha pasado el tembleque del todo.

Todo empieza un soleado día de domingo cuando convenzo a mis compañeros de piso de que alquilen una bicicletas para dar juntos una vuelta. Ellos acceden sin pensárselo un segundo:

Alemana: ¡Qué guay! ¿Ya sabes la ruta que vamos a hacer?

Yo: Sí. Alquilamos las bicicletas en Central Park, salimos del parque por Columbus Circle y nos vamos al Hudson River Greenway. De allí a Battery Park haciendo las paradas necesarias para tomar fotos. Después del trayecto una cerveza en el Frying Pan para recuperar fuerzas.

Nota turística: El Frying Pan es un barco de transporte de mercancías transformado en un bar flotante en medio del Hudson River.

Lo dicho, alquilamos las bicis para mis compis de piso (yo tengo la mía; es de un amigo español que se volvió a Madrid) y nos vamos a ciclar por los Newyores. El día muy bueno, la temperatura fantástica y el paseo muy agradable.

Una vez finalizado el tour nos vamos a tomar la merecida cerveza. Para acceder al Frying Pan hay un estrecho camino de unos 100 metros en el que pone claramente que no se puede circular con bicicleta. ¿Qué hice yo? Pues circular con bicicleta. ¿Por qué Loreal? Pues porque yo lo valgo. Al final de los 100 metros y como venido de entre las sombras aparece un policía. Mierda. Me sonríe desde lejos mientras saca la libreta de las multas. Mierda mierda. Pausadamente y con aire de triunfador levanta la mano y me detiene. Mierda mierda mierda.

Poli: ¿Sabes por qué te he hecho parar?

Yo: Sí. Pero iba muy despacito.

El cabrón no para de sonreírme como pensando que esa historia la ha oído mil veces.

Poli: ¿Me deja su documentación?

Saco el DNI de mi cartera y se lo doy.

Poli: ¿Esto qué es? Esto no sirve. Necesito la identificación del estado de Nueva York o en su defecto el pasaporte.

Yo: Pues es que el pasaporte lo tengo en casa porque desde Columbia me han recomendado que no lo use a diario porque si lo pierdo enton...

Me interrumpe levantando la mano. Esta vez ya no se ríe.

Poli: La Universidad de Columbia se equivoca. Tu ahora estás indocumentado y eso es un problema.

Mientras dice eso saca las esposas de la funda de cuero. Ahora es cuando me empiezo a acongojar de verdad.

Poli: Vamos a hacer lo siguiente. Voy a llamar a una unidad y te vamos a llevar a comisaría hasta que sepamos quien eres.

Yo: EEEEEEEEEHHHHHHHHH !!!! No hace falta. En vez de ir a comisaría podemos ir a mi casa y os enseño el pasaporte. Veo excesivo el tener que ir a la cárcel por ir en bicicleta por un sitio que no se podía. Estoy dispuesto a pagar la multa. De verdad, no me meta en la cárcel. Yo soy buen chico.

Sí. Sé que suena ridículo, pero me traicionaron los nervios. Me imaginaba en prisión con lo peorcito de Nueva York y con el presidente del Fondo Monetario Internacional.

Poli: Si vas a la cárcel no es por ir en bici. Por eso vas a pagar una multa. Vas a ir a la cárcel hasta que sepamos quien eres.

Termina de decir esto y habla por el walkie. ''Tres dos siete unidad ocho código cuatro cuatro nueve...''. No hay respuesta. en esto aparecen mis compañeros de piso y se quedan a mi lado mirando al policía.

Alemana: ¿Qué pasa?

Yo: Que me quieren detener por no ir documentado.

Respuesta del walkie: '' siete cinco tres ... bla bla bla''

Hay un intercambio raro de número y posiciones. Al terminar el poli mira a mis compañeros de piso. Creo que ellos le transmiten más confianza que yo. No sé si será porque son rubios de ojos azules o por su exquisita forma de pronunciar el inglés. Sea lo que sea, funciona. Creo que el poli empieza a pensar: ''si este chico tiene amigos arios, a lo mejor no es tan malo''. 

Poli: Chico, las unidades están ocupadas y no me apetece tener que pasar toda la tarde del domingo contigo. Además no te puedo poner la multa con esta documentación, pero si te veo otra vez por aquí sin la documentación, te aseguro que sí que te detendré. Si estás en este país, tienes que ir documentado, you get it?

Yo (pensando): SEÑOR, SÍ SEÑOR!!

Poli: Mientras estés en este país tendrás que cumplir la ley cuidadosamente, you get it?

Yo (pensando): SEÑOR, SÍ SEÑOR!!

Poli: Y si te veo circular otra vez en bicicleta por un sitio no habilitado te confiscaré la bici, you get it?

Yo: Sí, no se preocupe. No volverá a ocurrir.

Una vez sentados en el barco pedimos unas cervezas y mis amigos empiezan a comentar la jugada.

Inglés: Ya sabes, la próxima vez tendrás que llevar el pasaporte si no quieres que te metan en la cárcel.

Yo: ¿Para qué? Si ahora lo hubiera llevado, hubiera tenido que pagar la multa. Mi conclusión es que si vas indocumentado no te pueden multar.

Inglés: Lo que tu digas. Si acabas en la cárcel, ¿me puedo quedar tu habitación?

sábado, 21 de mayo de 2011

El metro de Nueva York

Nueva York está cargada de arte. Además, si quieres ver a gente con talento lo tienes fácil. Sólo tienes que pasear por el metro (la estación de la calle 42 es una de las mejores) o por sus calles más centricas para dejarte sorprender por la cantidad de artistas que hay. Yo he encontrado de todo. Gente que te pide 3 palabras y te hacen una poesía, pintores a bolígrafo, músicos de todas las clases, escultores de Lego (¡en vivo!) y magos.


De camino a Downtown, en el metro, me encontré con un mago que nos hizo sonreir a todo un vagón de pasajeros. El señor en cuestión iba vestido con una enorme gabardina. Seguramente ocultaba sus trucos debajo del atuendo. Nada más ponerse en marcha el metro comenzó el espectáculo:


Mago: Señoras y señores, van a ser testigos del milagro de la reproducción ... con pelotas.


El señor muestra en su mano 3 pelotitas de gomaespuma. Abracadabra ... y ¡tachán! aparecen un montón de pelotitas de gomaespuma en el vagón. El mago (se nota que tenía práctica) encadenaba un truco detrás de otro. La gente estaba realmente entregada y reía sin parar. Comentaban los trucos  los unos con los otros y el ambiente era magnífico. Fue una pena que el trayecto terminara tan pronto.


Y es que hay veces que la gente es sorprendente. Sin ir más lejos, ayer salí con lágrimas en los ojos de felicidad al ver la escena que paso a relataros:


El metro que me lleva a casa es uno de los más largos de Nueva York. Recorre la ciudad de punta a punta; desde Brooklyn hasta el Bronx pasando por Downtown, Midtown, Upper West Side y, como no podía ser de otro modo, Harlem. 


Un chico negro escucha música a todo volumen con sus auriculares tamaño XL mientras gesticula con la cabeza el ritmo de la canción. Tac tac tac ... marca ligermente el ritmo con el pie. Está disfrutando. 


El metro se detiene en medio del tunel ( a veces lo hacen por no sé qué razón ). Sin el ruido del traqueteo del tren, la gente del vagón empieza a distinguir lo que escucha el chico. Es Michael Jackson. Termina una canción y empieza la siguiente. Se oye perfectamente una línea de bajo muy marcada. El chico se emociona todavía más. Se le va a salir el alma por la boca cuando empieza a cantar, al principio suavemente:


Chico: ''She was more like a beauty queen from a movie scene / I said don't mind, but what do you mean I am the one''


La canción es Billie Jean. Ahora viene lo sorprendente. Un señor negro, calvo, con gafas de sol comienza a tararear el bajo de la canción. La gente comienza a reirse y a disfrutar la escena. El amigo del señor calvo hace un pequeño coro.


Calvo: ''Pum pum pum ...''


Una señora comienza a chasquear los dedos. La gente se ríe cada vez más. El chico, completamente de subidón se quita los auriculares y comienza a cantar, pero esta vez lo hace sin vergüenza alguna. Con todo el alma.  La gente acompaña el show con palmas (yo incluído) mientras algunos cantan con el chico negro.


Chico: ''Everybody!"


Lo mejor está por llegar. El chico se levanta de su asiento y comienza a bailar al estilo Jacko. Ya no hay quien le pare. Nadie le detendrá. La magia ha vuelto a hacer acto de presencia en el metro pero esta vez no ha hecho falta tener un mago.


La canción termina y todos aplaudimos. El chico sonríe y agradece los aplausos. Bromea sobre el show.


Chico: '' Esto ha sido gratis''


Me da igual, pagaría lo que fuera porque todos los días fuesen así.


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Añado lo siguiente: le he contado la escena a mi compañero de piso.

Compi: Hay una escena de Friends en la que ocurre lo mismo.

La hemos buscado y la hemos encontrado. Así que, en vez de una foto, hoy añado un video que seguro es más descriptivo:

Friends cast singing

miércoles, 11 de mayo de 2011

The River Cafe


Mis padres han venido a visitarme. Hemos pasado unos días juntos muy agradables. Además, como la cartera de mis padres no es como la mía, he podido disfrutar comiendo en buenos restaurantes de Nueva York. Ayer, como cena de despedida, me llevaron al ''The River Café''. Es un restaurante situado en Brooklyn con una bonita vista de la ciudad como podéis observar en la fotografía que adjunto.

Quedé con mis padres en Chinatown a la salida del trabajo. Para hacer algo de gana, cruzamos el puente de Brooklyn andando antes de cenar. Todo muy agradable. Llegamos al restaurante:

Yo: Buenas noches, tenemos una reserva.

Maitre: Buenas noches señor, ¿me permite su cazadora y su mochila?

Noté que dijo mochila con recochineo. Como si la gente de ese restaurante no tuviera una mochila en casa. No me equivoqué.

Maitre: Señor, los clientes de nuestro restaurante están obligados a llevar chaqueta durante la cena. Si no tiene chaqueta propia, el restaurante le proporcionará una.

Yo (pensando): ¡Vaya! Justo hoy que he dejado mi chaqué en el tinte.

La maitre se mete en el guardarropa dejándome a mi a la entrada del restaurante en zapatillas, vaqueros y una camiseta de manga corta de "La Naranja Mecánica" (la camiseta era de un color naranja chillón para más datos).

Al rato, la maitre regresa con una chaqueta para mi. Me la pongo y me miro al espejo. Más ridículo imposible. La chaqueta es azul marino, con botones dorados, un ancla bastante grande bordada en la solapa y es 3 tallas más grande que la mía. Me siento como cuando hice la primera comunión.

Yo: ¿Seguro que ahora puedo entrar?

Maitre: Sí señor. Pase al fondo.

Yo (pensando): Póngame muy al fondo y con la luz muy baja.

Una vez dentro, todavía me siento más ridículo. La gente va de punta en blanco. Tranjes, vestidos de noche, corbatas y pajaritas es la indumentaria del lugar. La gente me mira al pasar de camino hacia la mesa.

La cena muy buena. La vista fantástica. El precio desorbitado.

A la salida del restaurante toca devolver la ridícula indumentaria. Una fila de clientes se agolpa en la entrada del restaurante mientras esperan que el aparcacoches les traigan su vólido. No paro de ver Porches, Mercedes, BMWs y algún que otro Aston Martin conducidos por un aparcacoches que apenas tiene 18 años. En la puerta, el ''dueño'' del lugar agredece la visita a las personas y les desea buenas noches.

Me devuelven mi cazadora de $20 y mi mochila y me dirijo hacia la salida.

Maitre: Buenas noches señores.

Yo (pensando): Vamos a rematar la noche. De perdidos al río.

Yo: Buenas noches. Perdone, ¿no sabrá donde puedo coger el metro?

La maitre sonríe ligeramente.

Maitre: Está la parada ABC y la parada 123. ¿Donde quiere ir?

Yo (pensando): Y aquí viene la puntilla.

Yo: A Harlem.

La maitre sonríe. Esta vez es una sonrisa amplia y descansada. Se nota que ya no le importa una mierda quedar mal.

Maitre: Camine 7 minutos todo recto. Allí verá la parada.

Salgo del resturante y entro en el mundo real. Ha sido divertido.

domingo, 24 de abril de 2011

La abuela y el puertorriqueño


Eran las 2 de la madrugada del sábado cuando nos disponíamos a coger el metro de regreso a casa. La noche había sido entretenida. El grupo con los que iba se componía de un español, un judío neoyorkino, una americana de Georgia y yo.

El español sugiere ir a comer algo algo antes de regresar a casa. El judío propone ir a ''La papaya'' donde, según él, se preparan los mejores perritos de todo Nueva York.

Judío: Dos perritos con todo y dos batidos de papaya.

Yo: ¿No es una combinación muy rara?

Judío: Confía en mi .... soy experto en combinaciones raras. Soy de Nueva York.

Nos sentamos en una mesa cuando entra por la puerta una señora de unos 70 años acompañada de un puertorriqueño de no más de 25 años con la bandera de Puerto Rico  tatuada en el cuello.

Ella: ¿Qué vas a querer, cariño?

Se hace el silencio. ¿Le ha llamado cariño?

Yo (pensando): A lo mejor, en inglés, es común utilizar la palabra cariño de forma más laxa.

El puertorriqueño le murmura algo que no llego a entender y a continuación se besan de forma apasionada. El camarero ni se inmuta. Sirve dos perritos como si de una pareja normal se tratase. La pareja continua besándose mientras el camarero termina de poner los perritos en una bolsa de papel para llevar.

Camarero: Son $7.

La pareja paga y se va. Yo todavía no he probado mi perrito ni mi zumo de papaya. El judío me mira con una sonrisa en la boca.

Judío: ¡Eso sí que es raro! Estas son las personas que hacen de Nueva York un sitio tan especial. ¿Te gusta el perrito con el zumo de papaya?

Muerdo el perrito y bebo un trago de zumo. Raro, sí, pero excéntricamente delicioso.

jueves, 14 de abril de 2011

Drink a beer and get free pizza


El sábado pasado me levanté de mi nueva cama con fuerzas renovadas. Después de estar casi una semana durmiendo en un sofá y sufriendo jet-lag, la vida me parecía hermosa. Había ciertos aspectos que todavía tenía que solucionar. Recuperar mi pasaporte y comprar comida eran los más importantes. 

El día había amanecido muy soleado y con una agradable temperatura así que decidí pasear por Central Park hasta la calle 14th para pagarle lo acordado a mi casero y hacer algo de deporte. Una vez allí me entra el hambre. Necesito comer algo antes de enfrentarme otra vez a mi casero. Miro a mi alrededor y sólo veo locales de comida rápida. Entre todos ellos hay uno que me llama la atención: Cocodrile Lounge. ''Cold beer and free pizza'' 

Yo(pensando): ¿Cómo resistirse? Me bebo una cerveza y me regalarán una porción de pizza. God bless America. 

Me acerco al bar y un segurata me abre la puerta.

El: Buenos días. ¿Me puede enseñar su documentación?

Yo: Sí claro.

Le doy el DNI español.

El: ¿Tiene 28 años? No los aparenta. ¿Me podría enseñar su pasaporte para verificar los datos? No sé muy bien qué es esto (refiriéndose a mi DNI).

Yo (pensando): ¿Le cuento la historia de mi pasaporte? Jodido Sassan. Mejor le digo que tengo el pasaporte en casa.

Yo: Tengo el pasaporte en casa porque no quiero perderlo ... bla bla bla.
Me deja entrar y voy a la barra:

Camarera: ¿Qué va a tomar?

Yo: Cerveza y pizza. Una Bass.

Me pone la cerveza y me da un ticket.

Camarera: Tienes que entregar el ticket al final del bar. Allí está el horno para pizzas. 

El bar es muy oscuro y tiene varias máquinas de videojuegos al lado del horno para las pizzas. Le entrego el ticket a un risueño mexicano que está de encargado y ... ¡me da un pizza entera! ¿¡la madre que le parió!? ¿Cómo puedo pagar 4 dolares por una pinta de cerveza y que me den una pizza entera?

Yo: Pero, ¿es toda para mi?

Mexicano: Sí ''mijoo''. Ya sabes como son estos gringos.

Imposible terminarme la pizza. Al rato viene el mexicano a limpiar las mesas de mi alrededor.

Mexicano: ¿Qué pasó? ¿No te gustó?

Yo: Estaba muy buena, pero es mucha comida.

Salgo del local sitiéndome tan lleno que lo que menos me apetece es discutir con Sassan otra vez. Entre la cerveza, la pizza y el casero voy a necesitar un antiácido.



martes, 12 de abril de 2011

Sábado noche en Nueva York


La noche de Nueva York se confunde con el día. La abundante iluminación y la música house adornan cada una de las esquinas del Downtown. Aquí tenéis la historia de mi primera noche de sábado en la ciudad que nunca duerme.

Me llama mi amiga Bea para salir a cenar con ella y unos amigos suyos. Quedamos en la calle 14th. Es un sitio repleto de restaurantes y discotecas (aquí las llamas clubs, que queda más fino) donde se reúne la gente "cool" de Nueva York.

Como habían pasado 4 días y no había hecho la colada todavía, no tenía que pensar mucho el qué ponerme. Una camiseta, unos vaqueros, mis zapatillas y la única cazadora que he traído. Todo limpio, eso sí.

Cojo el metro rumbo a la calle 14th. Lo primero que observo es que la gente no sale por ahí el sábado por la noche con el mismo concepto que yo. Las mujeres van vestidas con vestidos de noche y tacones altos. De por sí ya son altas, así que con tacones me sacan todas una cabeza. Los chicos van todos con camisas, zapatos, muchos de ellos con corbatas y abrigos elegantes. Si me comparo con ellos parece que salgo de currar de la mina. Como la noche refresca, me pongo la capucha de mi abrigo. La gente comienza a mirarme de forma singular.

Aparece Bea y sus amigos. Todos ellos muy elegantes. Yo sigo sin estar elegante. Empiezo a comprender por qué la gente me mira raro. Entramos al restaurante. Es un japonés donde también sirven hamburguesas. Es extraño,lo sé. La gente va tan elegante que no voy a ser yo quien diga que me parece cutre que en un restaurante japonés sirvan hamburguesas. No vaya a ser que empiecen a criticar mi forma de vestir ... tan pronto.

Hay una cosa que me sorprende muchísimo en los restaurantes de EE.UU. Cuando el camarero te pregunta qué quieres de beber, puedes pedir cualquier cosa que sea líquida excepto agua (el agua es gratis y te la sirven con hielo por norma general). Lo más normal en España sería pedir vino o cerveza para la cena. Aquí van a lo fuerte.

Nos toca pedir. La especialidad de la casa, por favor: sushi y hamburguesas. Para beber: dos copas de vino, un vodka con lima, un ron blanco y un daiquiri de fresa. ¡Toma ya!

Cuando nos lo sirven todavía me parece más extraño. Uno de los amigos americanos de Bea se está comiendo unas mini hamburguesas con sushi. Muerde un trozo de hamburguesa, mastica un par de veces, come un poco de sushi (la hamburguesa todavía sigue en la boca) mastica otro par de veces y empuja la bola hacia el estómago con el sorbo de un daiquiri con sombrillita. Semejante combinación no se le habría ocurrido ni a Ferrán Adriá.

Chico americano del daiquiri: No voy a poder tomarme una copa con vosotros después de cenar. Mañana tengo que trabajar.

Yo (pensando): Te puedes ir tranquilo. Ya te has tomado el cóctel durante la cena. Si quieres te pido el chocolate con churros para que te lo tomes en el taxi camino a casa. Así te vas con la noche completa.

Terminamos de cenar y nos vamos a la discoteca que tiene el restaurante en la azotea. Cuando vamos a coger el ascensor nos dicen que no se puede acceder directamente. Tenemos que salir a la calle y hacer cola para que nos permitan subir a la discoteca. ¡Pero si ya estamos dentro!

Salimos a hacer la cola a regañadientes. Hace un frío de narices. Si lo sé me pido un whisky doble de postre. En fin, ya es tarde. A los cinco minutos de estar en la cola empiezo a tener espasmos de frío. Los amigos de Bea también. ¡Vamos, ya falta poco para entrar! A los 10 minutos nos encontramos cara a cara con el portero. Una mala bestia de tío. Parecía que no había sido bebé en la vida. Y si lo había sido, su madre había tenido valor dándole el pecho.

Portero: Podéis pasar todos menos él (refiriéndose a mi).

Yo: ¿Por qué?

Portero: Porque llevas cazadora con capucha, camiseta y zapatillas.

Yo (pensando): Lo de las zapatillas me lo habían dicho antes. Lo de la camiseta y la cazadora con capucha es nuevo. Si llegas a medir medio metro menos de alto y medio metro menos de ancho, nos veríamos las caras ahí fuera.

Y esta es la historia de cómo me dejaron cenar en un sitio donde servían sushi y hamburguesas vestido con cazadora con capucha, zapatillas y camiseta. No sé que haría mal durante la cena para que luego cambiasen de idea sobre mi forma de vestir.

martes, 5 de abril de 2011

Por fin. Ya tengo piso.


En el último relato os conté como salí del despacho de mi casero sin mi pasaporte ni mi visa de trabajo. Pues bien, continuaré con la historia donde la dejé.

Sassan (observad lo mucho que se parece el nombre de mi casero al de Satán ... deben de ser parientes seguro) me había dado las llaves del piso y me había dicho que les había escrito a mis compañeros de piso, a los cuales no conocía, diciéndoles que iba a ocupar la habitación libre.

Ya con el equipaje hecho, me dirijo a mi nueva casa para conocer a mis nuevos compañeros. 

Yo: ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

Nada. Estaba solo. Al ser las 4 de la tarde de un viernes supuse que no habrían salido de trabajar o estudiar. Me dirijo a mi habitación y compruebo que la luz no funciona. Empezamos bien. Se acaba de fundir la bombilla.

Yo: Por mis narices que la bombilla la paga Sassan. Se lo pienso decir ahora mismo ..... o mejor en cuanto me devuelva mi pasaporte.

Decidí empezar a limpiar un poco mi habitación y a colocar la ropa en el armario. Son las 7 de la tarde y sigo sólo en el piso. Como está atardeciendo y no tengo luz en mi cuarto me entra sueño. Decido echar un cabezadita en mi nueva cama hasta que oiga que mis compañeros de piso regresan.

A eso de las 8 de la tarde oigo como la puerta principal se abre. Ahora sí que ha anochecido y sigo a oscuras. Me levanto de la cama y me dirijo al pasillo para conocer a mi nuevo compañero:

Yo: Hola.

Él: OOOOOOAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH !!!!!!!!!  WHAT THE FUCK ....!!! (no necesita traducción)

Me encuentro con un chico con el rostro desencajado por el susto y blanco como la leche.  Me doy cuenta de que el pobre chaval no tenía ni idea de que había nuevo inquilino. Imaginaros que un extraño os saluda en la oscuridad de vuestra propia casa. 

Yo: Sassan me ha dicho que os había escrito un mail diciendo que la habitación había sido alquilada.

Él: Yo no he recibido ningún mail de Sassan.

Fantástico. El casero la ha vuelto a liar. Mi nuevo compañero (se llama James) enciende su ordenador para comprobar sus correos. En su bandeja de entrada aparece el mail de Sassan ... ¡escrito a las 7 de la tarde! ¡Yo llegué a casa 3 horas antes de que Sassan les escribiera el mail!

A día de hoy, lo primero que hace James al entrar por la puerta de casa es emitir un sonoro: ''HELLOOOOO???''
Creo que le atormentan los recuerdos de nuestro primer encuentro.

lunes, 4 de abril de 2011

New York, New York - 3ª parte


El día que encontré la habitación en la que vivo actualmente fue como quitarse un peso de encima. Al día siguiente conocí a su casero y fue como volverse a cargar encima el peso que había dejado atrás.

Mi casero es un hombre despiadado y sin escrúpulos que se llama Sassan. Creo que es turco pero no estoy muy seguro. Paso a relataros la historia:

Llamé a uno de los teléfonos que la Universidad de Columbia me había proporcionado. Al llamar, el susodicho casero se limitó a darme por mail  la dirección y me dijo: ''acércate allí sin problemas, seguro que hay alguien'' ... y eso hice. Al llegar me encontré con un alemán de dos metros. En ese momento era el actual inquilino de la habitación y se iba ese mismo día de vuelta a Alemania. Estaba recogiendo la habitación, así que estaba todo manga por hombro.

Yo (preguntas típicas): ¿Hace frío en la habitación, la cama es cómoda, los compañeros son majos ...?

El: Todo fantástico y super chupi guay (a grandes rasgos es lo que dijo).

Chequeo la habitación entre los kilos de ropa y cacharros de alemán. La habitación es grande, con paredes de ladrillo y yeso, suelo de parquet muy deteriorado, cama gigante y dos ventanas que dan a la calle principal. La casa está situada a menos de 5 minutos de la universidad así que es perfecta. De acuerdo, paso de mirar más pisos. Esta habitación es de lo mejor que he visto. Me la quedo. Llamo al casero y se lo digo:

Yo: Hola. El anterior inquilino me acaba de enseñar la habitación y me ha gustado. Me la quedo.

Casero: De acuerdo. Me tienes que pagar el primer mes, un mes de depósito y el último mes.

Y: Pero eso es mucha pasta de vez. Acabo de llegar a NYC y he abierto una cuenta en el banco, pero las transferencias internacionales suelen retrasarse un par de días o tres. ¿Te puedo pagar una señal de $500 dolares y dentro de 2 días te pago absolutamente todo?

C: Ven a mi despacho mañana y lo hablamos. Estoy en la 88th con Central Park

Y: De acuerdo.

A la mañana siguiente cojo el metro y allí me planto. Increíble. El desgraciado vive en un palacio con vistas a Central Park ... con mi dinero. Nada más entrar me cruzo con su criada, una puertorriqueña que me sonríe amablemente y me saluda en español. El casero me invita a entrar a su despacho. Muy bonito y lleno de tecnología Apple allá donde miro.

Y: ¿Te puedo pagar una señal de $500 dolares y dentro de 2 días te pago absolutamente todo?

C: No. Tendrás que sacar el dinero con tu tarjeta.

Y: Pero mi tarjeta tiene un limite de $600 al día.

C: Entonces me tienes que pagar hoy $600, mañana otros $600, pasado otros $600 ... Y como garantía de que vas a a pagar me tienes que dar tu pasaporte y tu visado.

Y: Pero eso es ilegal , ¿no? Es decir, si te quedas con mi pasaporte y con mi visado te estás quedando prácticamente con toda mi vida.

C: Mira Diego, estoy siendo muy comprensivo contigo. Piensa que te estoy haciendo un favor dejándote vivir en mi casa sin pagarme todo lo acordado por contrato. Yo también necesito que pongas algo de tu parte. Además, es mi casa y son mis normas.

Y: ¡¡¡ ES ILEGAL !!! ¿Y si la poli me pide mis papeles? Entonces ¿qué hago? ¿Les digo que mi casero ha secuestrado mi pasaporte a cambio de 3 meses de alquiler?

C: Hagamos un trato (esto me recordó al anuncio de las cápsulas Nescafé con George Clooney y John Malkovich .. ''let's make an arrangement''). Tu me das el pasaporte y yo te escribo un contrato de mi puño y letra que dice que te devuelvo el pasaporte cuando me pagues $1800.

Y: Yo te pago otros $600 y tu me das el pasaporte.

C: No. $1200.

Y: (Como se suele decir en poker: ALL-IN) Lo siento. En esto soy inflexible. Te doy $600 mañana y tu me das el pasaporte. Así te he pagado mes y medio y creo que dejarte mi pasaporte es más que una simple señal de buena voluntad. Así que lo dejamos en $600 mañana o me devuelves mi dinero y me busco otro piso (pensando: por favor, que diga que sí, que diga sí ... si tengo que buscar piso otra vez me pegaré un tiro)

C: Bueno, está bien. En el fondo os trato como si fueseis mis hermanos.

Y: (pensando). Sí, como Caín trataba a Abel.

Salgo de su oficina como un ciudadano ilegal, con $600 menos y con la sensación de que ese tío no es de fiar en absoluto. Más tarde mis compañeros de piso me confirmarían mis sospechas contándome otras bellas historias sobre este hijo de Leviatán.

sábado, 2 de abril de 2011

New York, New York - 2ª Parte


Segundas partes nunca fueron buenas ... y esta no va a ser una excepción. La verdad es que es difícil escribir toda la frustración y la ira que se siente cuando buscas piso en esta ciudad, pero lo intentaré.

El segundo día fui a un servicio de la universidad donde disponen de una base de datos con los pisos que hay en alquiler por la zona. Ahí conseguí un montón de sitios a los que llamar situados en la zona de Columbia. Justo que lo buscaba. Me puse manos a la obra y llamé a 36 pisos distintos. Muchos de ellos ya estaban alquilados, otros sólo querían chicas, otros eran subnormales directamente por teléfono y los desechaba en el acto. 

El primer piso que fui a ver era el de un abuelo que alquilaba una habitación. No me gustaron varias condiciones: la primera era vivir con el casero, la segunda era que estaba loco. El hombre había sido cantante, bailarín, guitarrista y yo que sé más en la época de los 70. Probablemente se metería demasiada droga y se quedó así. Tenía normas pegadas por toda la casa según el sitio al que accedías. Por ejemplo, si ibas al baño ponía ''tirar siempre de la cadena, limpiar la bañera siempre después de usarla ...'' si ibas a la cocina ponía ''prohibido cocinar más tarde de las 10, no puede haber vasos ni platos sucios en el fregadero nunca ..''. Lo que menos me gusto de todo es que el dormitorio que alquilaba tenía una foto de el viejo con pantalones de campana y pelo afro con una señorita de su misma condición (su compañera de baile). 

Yo: ¿Este es usted?

El: Claro. La señorita es mi compañera de baile. Fuimos muy famosos en los 70. Incluso fuimos a Europa a bailar. A lo mejor tus padres se acuerdan.

Yo (pensando): Dudo que Franco dejara entrar en España a negros afros a bailar el flower power, pero quien sabe ...

El: ¿Te gusta la habitación?

Yo: Bueno, en apariencia sí. ¿La cama es cómoda?

El: Sí, pero sólo puede dormir una persona en ella. Si quieres follar (lo dijo así) tienes que usar el colchón inflable supletorio, pero tu amiguita sólo se podrá quedar una noche sin pagar. Si quieres follar dos noches seguidas, tienes que pagarme $25 por noche. 

Increíble. Estoy seguro que si me quedo allí me propone compartir una puta a medias. 

Ese día fui a mirar cuatro pisos más y no hubo nada destacable excepto lo deprimente de sus habitaciones. En la próxima entrega: cómo conocí al hijo de puta de mi casero.

New York, New York - 1ª Parte



Cuando Frank Sinatra cantaba aquello de ''and if I can make it there, I'm gonna make it anywhere" no creía en lo acertado de sus palabras. Las dos caras de Nueva York son contrarias y extremas.


Estos primeros días en Nueva York han sido agotadores hasta la extenuación. Sé que muchos me habéis escrito para ver que tal me me las arreglaba por aquí y no os he podido contestar. Perdonadme, pero mi conexión a internet ha estado muy limitada hasta ahora. Espero responderos a todos con este post. 


Buscar piso aquí ha sido todo una odisea, pero resumiendo, los caseros (en inglés ''landlord''; muy apropiado) son unos desgraciados, desconfiados, tacaños, hijos de belcebú. Esa es la cara mala de Nueva York. La que representa el capitalísmo extremo y la deshumanización de la sociedad. ¿Quereis sentiros como una mierda unos cuantos días? Os presentaré a mi casero. Paso a relataros mi experiencia:


Llegué a Nueva York el pasado martes a la 1 del medio día. Por supuesto, sin dormir. En la frontera no tuve problemas. Es más, me lo esperaba muchísimo peor, pero fue de lo más normal. Lo primero que tenía que hacer nada más llegar era ir a la Universidad para que me firmaran los papeles de visados. Una vez allí le pregunté a la chica de recepción si conocía algún sitio donde ofrezcan habitaciones en la Universidad y me contesta: ''sí claro, a la vuelta de la esquina esta el International School; un sitio para los extranjeros que van a estar en Columbia más de 30 días'' Fantástico. A ver si va a salir todo a pedir de boca. Llego al International School:


Yo: Hola, quiero una habitación... estoy aquí en Columbia de doctorado .... bla bla bla.


Recepcionista: Vale, veo que acabas de llegar. Tienes que pagarme $45 para saber si tienes derecho a una habitación y dentro de una semana te diremos si puedes entrar en el proceso de selección.


Y: ¿Cómo? No sé si la he entendido bien, pero me hace pagarle $45 para saber si puedo entrar en un proceso de selección. Es decir, aunque pase al proceso de selección luego me puedo quedar sin habitación, y además todo eso dentro de una semana, ¿no?


R: Sí eso es. ¿Me podrías dejar ver tu Columbia ID?


Y: ¿Qué es eso?


R: El carnet universitario de Columbia.


Y: No lo tengo. Acabo de llegar.


R: Es obligatorio y son $30.


Y: ¿A qué me da derecho?


R: A solicitar habitaciones y coger libros de la biblioteca


Y: (pensamiento) Me la cargo y esparzo sus tripas por el campus.


Salgo de la oficina con $65 menos y la incertidumbre de qué pasará dentro de una semana. Cojo un taxi para dirigirme a casa de Bea. Para quien no lo sepa, Bea es una chica que estudió conmigo teleco en Zaragoza. Gracias a ella he tenido un sofá donde dormir. Se ha portado conmigo estupendamente, no sólo dándome un sitio donde quedarme los primeros días, sino también aconsejándome extremadamente bien. La casa de Bea es un loft situado a pocos pasos de Times Square, en pleno cogollo de Nueva York. El sofá era bastante cómodo, pero al ser una casa bastante grande, siempre te da vergüenza estar en mitad del salón durmiendo. Además, por muy cansado que estés, el jet-lag es despiadado y a las 5 de la mañana ya estaba despierto.


En casa de Bea hablo con su casera de la posibilidad de quedarme allí si tuvieran alguna habitación libre. La casera me ofrece la suya. Así directamente. $1500. Veo la habitación sin ventanas y situada a tomar por saco de la Universidad y declino la oferta amablemente. 


Continuaré con esta historia en la segunda parte. Ahora me voy a que mi casero me devuelva mi pasaporte y mi visa de trabajo a cambio de $600. Ya os contaré.