domingo, 24 de abril de 2011

La abuela y el puertorriqueño


Eran las 2 de la madrugada del sábado cuando nos disponíamos a coger el metro de regreso a casa. La noche había sido entretenida. El grupo con los que iba se componía de un español, un judío neoyorkino, una americana de Georgia y yo.

El español sugiere ir a comer algo algo antes de regresar a casa. El judío propone ir a ''La papaya'' donde, según él, se preparan los mejores perritos de todo Nueva York.

Judío: Dos perritos con todo y dos batidos de papaya.

Yo: ¿No es una combinación muy rara?

Judío: Confía en mi .... soy experto en combinaciones raras. Soy de Nueva York.

Nos sentamos en una mesa cuando entra por la puerta una señora de unos 70 años acompañada de un puertorriqueño de no más de 25 años con la bandera de Puerto Rico  tatuada en el cuello.

Ella: ¿Qué vas a querer, cariño?

Se hace el silencio. ¿Le ha llamado cariño?

Yo (pensando): A lo mejor, en inglés, es común utilizar la palabra cariño de forma más laxa.

El puertorriqueño le murmura algo que no llego a entender y a continuación se besan de forma apasionada. El camarero ni se inmuta. Sirve dos perritos como si de una pareja normal se tratase. La pareja continua besándose mientras el camarero termina de poner los perritos en una bolsa de papel para llevar.

Camarero: Son $7.

La pareja paga y se va. Yo todavía no he probado mi perrito ni mi zumo de papaya. El judío me mira con una sonrisa en la boca.

Judío: ¡Eso sí que es raro! Estas son las personas que hacen de Nueva York un sitio tan especial. ¿Te gusta el perrito con el zumo de papaya?

Muerdo el perrito y bebo un trago de zumo. Raro, sí, pero excéntricamente delicioso.

1 comentario:

  1. Me parto con tus New York follies... seguro que lo estás pasando muy bien... muy divertido tu blog, un abrazo Diego!!

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