martes, 12 de abril de 2011

Sábado noche en Nueva York


La noche de Nueva York se confunde con el día. La abundante iluminación y la música house adornan cada una de las esquinas del Downtown. Aquí tenéis la historia de mi primera noche de sábado en la ciudad que nunca duerme.

Me llama mi amiga Bea para salir a cenar con ella y unos amigos suyos. Quedamos en la calle 14th. Es un sitio repleto de restaurantes y discotecas (aquí las llamas clubs, que queda más fino) donde se reúne la gente "cool" de Nueva York.

Como habían pasado 4 días y no había hecho la colada todavía, no tenía que pensar mucho el qué ponerme. Una camiseta, unos vaqueros, mis zapatillas y la única cazadora que he traído. Todo limpio, eso sí.

Cojo el metro rumbo a la calle 14th. Lo primero que observo es que la gente no sale por ahí el sábado por la noche con el mismo concepto que yo. Las mujeres van vestidas con vestidos de noche y tacones altos. De por sí ya son altas, así que con tacones me sacan todas una cabeza. Los chicos van todos con camisas, zapatos, muchos de ellos con corbatas y abrigos elegantes. Si me comparo con ellos parece que salgo de currar de la mina. Como la noche refresca, me pongo la capucha de mi abrigo. La gente comienza a mirarme de forma singular.

Aparece Bea y sus amigos. Todos ellos muy elegantes. Yo sigo sin estar elegante. Empiezo a comprender por qué la gente me mira raro. Entramos al restaurante. Es un japonés donde también sirven hamburguesas. Es extraño,lo sé. La gente va tan elegante que no voy a ser yo quien diga que me parece cutre que en un restaurante japonés sirvan hamburguesas. No vaya a ser que empiecen a criticar mi forma de vestir ... tan pronto.

Hay una cosa que me sorprende muchísimo en los restaurantes de EE.UU. Cuando el camarero te pregunta qué quieres de beber, puedes pedir cualquier cosa que sea líquida excepto agua (el agua es gratis y te la sirven con hielo por norma general). Lo más normal en España sería pedir vino o cerveza para la cena. Aquí van a lo fuerte.

Nos toca pedir. La especialidad de la casa, por favor: sushi y hamburguesas. Para beber: dos copas de vino, un vodka con lima, un ron blanco y un daiquiri de fresa. ¡Toma ya!

Cuando nos lo sirven todavía me parece más extraño. Uno de los amigos americanos de Bea se está comiendo unas mini hamburguesas con sushi. Muerde un trozo de hamburguesa, mastica un par de veces, come un poco de sushi (la hamburguesa todavía sigue en la boca) mastica otro par de veces y empuja la bola hacia el estómago con el sorbo de un daiquiri con sombrillita. Semejante combinación no se le habría ocurrido ni a Ferrán Adriá.

Chico americano del daiquiri: No voy a poder tomarme una copa con vosotros después de cenar. Mañana tengo que trabajar.

Yo (pensando): Te puedes ir tranquilo. Ya te has tomado el cóctel durante la cena. Si quieres te pido el chocolate con churros para que te lo tomes en el taxi camino a casa. Así te vas con la noche completa.

Terminamos de cenar y nos vamos a la discoteca que tiene el restaurante en la azotea. Cuando vamos a coger el ascensor nos dicen que no se puede acceder directamente. Tenemos que salir a la calle y hacer cola para que nos permitan subir a la discoteca. ¡Pero si ya estamos dentro!

Salimos a hacer la cola a regañadientes. Hace un frío de narices. Si lo sé me pido un whisky doble de postre. En fin, ya es tarde. A los cinco minutos de estar en la cola empiezo a tener espasmos de frío. Los amigos de Bea también. ¡Vamos, ya falta poco para entrar! A los 10 minutos nos encontramos cara a cara con el portero. Una mala bestia de tío. Parecía que no había sido bebé en la vida. Y si lo había sido, su madre había tenido valor dándole el pecho.

Portero: Podéis pasar todos menos él (refiriéndose a mi).

Yo: ¿Por qué?

Portero: Porque llevas cazadora con capucha, camiseta y zapatillas.

Yo (pensando): Lo de las zapatillas me lo habían dicho antes. Lo de la camiseta y la cazadora con capucha es nuevo. Si llegas a medir medio metro menos de alto y medio metro menos de ancho, nos veríamos las caras ahí fuera.

Y esta es la historia de cómo me dejaron cenar en un sitio donde servían sushi y hamburguesas vestido con cazadora con capucha, zapatillas y camiseta. No sé que haría mal durante la cena para que luego cambiasen de idea sobre mi forma de vestir.

2 comentarios:

  1. Joder, si hubieras ido de tuno te hubieran dejado entrar..... Muy entretenidas tus aventuras en New York.

    Saludos:
    Mathyas

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  2. Es que eres un cutre, tio, lo suyo es darle un billete doblado al de la puerta y decirle "creo que ya no trabajas aquí". Todo mientras te rascas la nariz con la manga.
    Es la variante americana de "mis amigos del Cuerpo querrán que entre, no crees??"

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