sábado, 21 de mayo de 2011

El metro de Nueva York

Nueva York está cargada de arte. Además, si quieres ver a gente con talento lo tienes fácil. Sólo tienes que pasear por el metro (la estación de la calle 42 es una de las mejores) o por sus calles más centricas para dejarte sorprender por la cantidad de artistas que hay. Yo he encontrado de todo. Gente que te pide 3 palabras y te hacen una poesía, pintores a bolígrafo, músicos de todas las clases, escultores de Lego (¡en vivo!) y magos.


De camino a Downtown, en el metro, me encontré con un mago que nos hizo sonreir a todo un vagón de pasajeros. El señor en cuestión iba vestido con una enorme gabardina. Seguramente ocultaba sus trucos debajo del atuendo. Nada más ponerse en marcha el metro comenzó el espectáculo:


Mago: Señoras y señores, van a ser testigos del milagro de la reproducción ... con pelotas.


El señor muestra en su mano 3 pelotitas de gomaespuma. Abracadabra ... y ¡tachán! aparecen un montón de pelotitas de gomaespuma en el vagón. El mago (se nota que tenía práctica) encadenaba un truco detrás de otro. La gente estaba realmente entregada y reía sin parar. Comentaban los trucos  los unos con los otros y el ambiente era magnífico. Fue una pena que el trayecto terminara tan pronto.


Y es que hay veces que la gente es sorprendente. Sin ir más lejos, ayer salí con lágrimas en los ojos de felicidad al ver la escena que paso a relataros:


El metro que me lleva a casa es uno de los más largos de Nueva York. Recorre la ciudad de punta a punta; desde Brooklyn hasta el Bronx pasando por Downtown, Midtown, Upper West Side y, como no podía ser de otro modo, Harlem. 


Un chico negro escucha música a todo volumen con sus auriculares tamaño XL mientras gesticula con la cabeza el ritmo de la canción. Tac tac tac ... marca ligermente el ritmo con el pie. Está disfrutando. 


El metro se detiene en medio del tunel ( a veces lo hacen por no sé qué razón ). Sin el ruido del traqueteo del tren, la gente del vagón empieza a distinguir lo que escucha el chico. Es Michael Jackson. Termina una canción y empieza la siguiente. Se oye perfectamente una línea de bajo muy marcada. El chico se emociona todavía más. Se le va a salir el alma por la boca cuando empieza a cantar, al principio suavemente:


Chico: ''She was more like a beauty queen from a movie scene / I said don't mind, but what do you mean I am the one''


La canción es Billie Jean. Ahora viene lo sorprendente. Un señor negro, calvo, con gafas de sol comienza a tararear el bajo de la canción. La gente comienza a reirse y a disfrutar la escena. El amigo del señor calvo hace un pequeño coro.


Calvo: ''Pum pum pum ...''


Una señora comienza a chasquear los dedos. La gente se ríe cada vez más. El chico, completamente de subidón se quita los auriculares y comienza a cantar, pero esta vez lo hace sin vergüenza alguna. Con todo el alma.  La gente acompaña el show con palmas (yo incluído) mientras algunos cantan con el chico negro.


Chico: ''Everybody!"


Lo mejor está por llegar. El chico se levanta de su asiento y comienza a bailar al estilo Jacko. Ya no hay quien le pare. Nadie le detendrá. La magia ha vuelto a hacer acto de presencia en el metro pero esta vez no ha hecho falta tener un mago.


La canción termina y todos aplaudimos. El chico sonríe y agradece los aplausos. Bromea sobre el show.


Chico: '' Esto ha sido gratis''


Me da igual, pagaría lo que fuera porque todos los días fuesen así.


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Añado lo siguiente: le he contado la escena a mi compañero de piso.

Compi: Hay una escena de Friends en la que ocurre lo mismo.

La hemos buscado y la hemos encontrado. Así que, en vez de una foto, hoy añado un video que seguro es más descriptivo:

Friends cast singing

miércoles, 11 de mayo de 2011

The River Cafe


Mis padres han venido a visitarme. Hemos pasado unos días juntos muy agradables. Además, como la cartera de mis padres no es como la mía, he podido disfrutar comiendo en buenos restaurantes de Nueva York. Ayer, como cena de despedida, me llevaron al ''The River Café''. Es un restaurante situado en Brooklyn con una bonita vista de la ciudad como podéis observar en la fotografía que adjunto.

Quedé con mis padres en Chinatown a la salida del trabajo. Para hacer algo de gana, cruzamos el puente de Brooklyn andando antes de cenar. Todo muy agradable. Llegamos al restaurante:

Yo: Buenas noches, tenemos una reserva.

Maitre: Buenas noches señor, ¿me permite su cazadora y su mochila?

Noté que dijo mochila con recochineo. Como si la gente de ese restaurante no tuviera una mochila en casa. No me equivoqué.

Maitre: Señor, los clientes de nuestro restaurante están obligados a llevar chaqueta durante la cena. Si no tiene chaqueta propia, el restaurante le proporcionará una.

Yo (pensando): ¡Vaya! Justo hoy que he dejado mi chaqué en el tinte.

La maitre se mete en el guardarropa dejándome a mi a la entrada del restaurante en zapatillas, vaqueros y una camiseta de manga corta de "La Naranja Mecánica" (la camiseta era de un color naranja chillón para más datos).

Al rato, la maitre regresa con una chaqueta para mi. Me la pongo y me miro al espejo. Más ridículo imposible. La chaqueta es azul marino, con botones dorados, un ancla bastante grande bordada en la solapa y es 3 tallas más grande que la mía. Me siento como cuando hice la primera comunión.

Yo: ¿Seguro que ahora puedo entrar?

Maitre: Sí señor. Pase al fondo.

Yo (pensando): Póngame muy al fondo y con la luz muy baja.

Una vez dentro, todavía me siento más ridículo. La gente va de punta en blanco. Tranjes, vestidos de noche, corbatas y pajaritas es la indumentaria del lugar. La gente me mira al pasar de camino hacia la mesa.

La cena muy buena. La vista fantástica. El precio desorbitado.

A la salida del restaurante toca devolver la ridícula indumentaria. Una fila de clientes se agolpa en la entrada del restaurante mientras esperan que el aparcacoches les traigan su vólido. No paro de ver Porches, Mercedes, BMWs y algún que otro Aston Martin conducidos por un aparcacoches que apenas tiene 18 años. En la puerta, el ''dueño'' del lugar agredece la visita a las personas y les desea buenas noches.

Me devuelven mi cazadora de $20 y mi mochila y me dirijo hacia la salida.

Maitre: Buenas noches señores.

Yo (pensando): Vamos a rematar la noche. De perdidos al río.

Yo: Buenas noches. Perdone, ¿no sabrá donde puedo coger el metro?

La maitre sonríe ligeramente.

Maitre: Está la parada ABC y la parada 123. ¿Donde quiere ir?

Yo (pensando): Y aquí viene la puntilla.

Yo: A Harlem.

La maitre sonríe. Esta vez es una sonrisa amplia y descansada. Se nota que ya no le importa una mierda quedar mal.

Maitre: Camine 7 minutos todo recto. Allí verá la parada.

Salgo del resturante y entro en el mundo real. Ha sido divertido.