miércoles, 11 de mayo de 2011

The River Cafe


Mis padres han venido a visitarme. Hemos pasado unos días juntos muy agradables. Además, como la cartera de mis padres no es como la mía, he podido disfrutar comiendo en buenos restaurantes de Nueva York. Ayer, como cena de despedida, me llevaron al ''The River Café''. Es un restaurante situado en Brooklyn con una bonita vista de la ciudad como podéis observar en la fotografía que adjunto.

Quedé con mis padres en Chinatown a la salida del trabajo. Para hacer algo de gana, cruzamos el puente de Brooklyn andando antes de cenar. Todo muy agradable. Llegamos al restaurante:

Yo: Buenas noches, tenemos una reserva.

Maitre: Buenas noches señor, ¿me permite su cazadora y su mochila?

Noté que dijo mochila con recochineo. Como si la gente de ese restaurante no tuviera una mochila en casa. No me equivoqué.

Maitre: Señor, los clientes de nuestro restaurante están obligados a llevar chaqueta durante la cena. Si no tiene chaqueta propia, el restaurante le proporcionará una.

Yo (pensando): ¡Vaya! Justo hoy que he dejado mi chaqué en el tinte.

La maitre se mete en el guardarropa dejándome a mi a la entrada del restaurante en zapatillas, vaqueros y una camiseta de manga corta de "La Naranja Mecánica" (la camiseta era de un color naranja chillón para más datos).

Al rato, la maitre regresa con una chaqueta para mi. Me la pongo y me miro al espejo. Más ridículo imposible. La chaqueta es azul marino, con botones dorados, un ancla bastante grande bordada en la solapa y es 3 tallas más grande que la mía. Me siento como cuando hice la primera comunión.

Yo: ¿Seguro que ahora puedo entrar?

Maitre: Sí señor. Pase al fondo.

Yo (pensando): Póngame muy al fondo y con la luz muy baja.

Una vez dentro, todavía me siento más ridículo. La gente va de punta en blanco. Tranjes, vestidos de noche, corbatas y pajaritas es la indumentaria del lugar. La gente me mira al pasar de camino hacia la mesa.

La cena muy buena. La vista fantástica. El precio desorbitado.

A la salida del restaurante toca devolver la ridícula indumentaria. Una fila de clientes se agolpa en la entrada del restaurante mientras esperan que el aparcacoches les traigan su vólido. No paro de ver Porches, Mercedes, BMWs y algún que otro Aston Martin conducidos por un aparcacoches que apenas tiene 18 años. En la puerta, el ''dueño'' del lugar agredece la visita a las personas y les desea buenas noches.

Me devuelven mi cazadora de $20 y mi mochila y me dirijo hacia la salida.

Maitre: Buenas noches señores.

Yo (pensando): Vamos a rematar la noche. De perdidos al río.

Yo: Buenas noches. Perdone, ¿no sabrá donde puedo coger el metro?

La maitre sonríe ligeramente.

Maitre: Está la parada ABC y la parada 123. ¿Donde quiere ir?

Yo (pensando): Y aquí viene la puntilla.

Yo: A Harlem.

La maitre sonríe. Esta vez es una sonrisa amplia y descansada. Se nota que ya no le importa una mierda quedar mal.

Maitre: Camine 7 minutos todo recto. Allí verá la parada.

Salgo del resturante y entro en el mundo real. Ha sido divertido.

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