domingo, 10 de julio de 2011

Basket en Harlem



Sábado por la tarde. Nos encontramos en la habitación de James (chico inglés del que ya he contado alguna anécdota en el pasado) mirando atentamente un balón de baloncesto. El balón es de otro James (chico de Nueva York). A través de la ventana vemos las numerosas pistas de baloncesto de Morning Side Park. En muchas de ellas están jugando niños de corta edad (de unos 8 ó 10 años). 

James-US: ¿Listos para jugar al Basket? ¿Los europeos sabéis jugar al basket?

James-UK: Es la segunda vez en mi vida que voy a jugar.

Yo: Te puedo decir que consiste en meter la pelota en el aro. Soy muy malo.

James-US: No os preocupéis. Yo os enseño.

Dicho y hecho. Nos calzamos las deportivas y nos vamos a la cancha. James-US nos explica algunos conocimientos básicos del lanzamiento. James-UK y yo intentamos unos cuantos tiros, pero la cosa no va bien. Empezamos a hacer el ridículo. 

Igual que los caracoles después de la lluvia, la cancha se empieza a llenar de negros mazados sin camiseta. Allí estamos nosotros, tres blanquitos (más bien de poca estatura) rodeados de cuarenta negros cuadrados equipados con radiocasettes con música rap. Uno de ellos se nos acerca:

Negro: ¿Queréis jugar un tres contra tres?

James-US: Mmmm, no sé. Estos chicos son europeos. No saben jugar muy bien y no estaremos mucho rato.

James-US me mira como pidiéndome una confirmación. Esta vez le va a salir el tiro por la culata.

Yo: No no. Jugamos un tres contra tres.

El negro me sonrie.

Negro: ¿Quereis apostar?

James-UK: No. Nada de dinero. Algo me dice que sabéis jugar a esto.

Tres negros se meten en la cancha. El resto nos rodea mientras gritan a sus amigos para que vengan a ver el ridículo que vamos a hacer. El público tiene muy claro como están formados los equipos. Los chicos sin camiseta contra los chicos con camiseta.  El que unos sean negros de dos metros y otros blancos de metro y medio es circunstancial. Además, debido a mi moreno mediterraneo, no soy blanco-lejía como mis amigos. James me asigna un jugador.

James-US: Diego, tu tienes que marcar al chico de los pantalones rojos.

Yo: Lo intentare, pero me saca tres cabezas de alto.

Comienza el partido. El negro de los pantalones rojos recibe el balón y se dirige hacia mi como una locomotora. Levanto los brazos e intento bloquearle. Él salta y me clava su rodilla en mis testículos. Resultado: adiós a mi moreno mediterráneo. Ahora ya no hay duda. Los negros contra los blancos lechosos.

El partido es a 17 canastas. El marcador está tremendamente igualado: 10-0 a favor de los morenos. Yo pensaba que ante semejante paliza el público, monocromático y acostumbrado a ver la NBA, se aburriría y dejaría de reírse de nosotros. Sin embargo, debido al show humorístico de los Harlem Globertrotters, parecen más animados que nunca.

Marcador: 15-1. Uno de los contrarios tiene la posesión. James-UK intenta quitarle el balón. El chico se esfuerza, pero nada. El negro ha nacido para esto. Se la pasa entre las piernas, por detrás de la espalda, de mano a mano, arranca y retrocede y, todo ello, mientras se ríe. Con cada ''regate'' del negro a James-UK el publico emite un sonoro ''Oohhhh'' (sería similar a un ''Olé'' en España, supongo). La gente se parte la caja. ''Look at the peaky!!!'' (lo que viene siendo, ''mira al paliducho''). Cabrones.

Resultado final 17-2. Nos damos la mano como buenos competidores y nos vemos la próxima vez. Una vez en casa, James-UK se quita las zapatillas y vemos que tiene unas enormes ampollas es los pies.

James-UK: ¡Por eso hemos perdido! Así es imposible ganar. Nos han humillado.

Yo: Nos han humillado. Más que si nos hubieran encerrado en una jaula y nos hubieran lanzado cacahuetes.

James-US: No ha sido para tanto. Lo único que tenemos que hacer es entrenar un poco más.

Ni de broma. No hasta que se recupere mi pobre corazoncito de semejante humillación.